César Vallejo

1892-1938, Perú

Los heraldos negros

Hay golpes en la vida, tan fuertes… ¡Yo no sé!
Golpes como del odio de Dios; como si ante ellos,
la resaca de todo lo sufrido
se empozara en el alma… ¡Yo no sé!

Son pocos; pero son… Abren zanjas oscuras
en el rostro más fiero y en el lomo más fuerte.
Serán tal vez los potros de bárbaros Atilas;
o los heraldos negros que nos manda la Muerte.

Son las caídas hondas de los Cristos del alma
de alguna fe adorable que el Destino blasfema.
Esos golpes sangrientos son las crepitaciones
de algún pan que en la puerta del horno se nos quema.

Y el hombre… Pobre… ¡pobre! Vuelve los ojos, como
cuando por sobre el hombro nos llama una palmada;
vuelve los ojos locos, y todo lo vivido
se empoza, como charco de culpa, en la mirada.

Hay golpes en la vida, tan fuertes… ¡Yo no sé!

El caballo de Turín (Hungría 2011) Dirigida por Béla Tarr y Ágnes Hranitzky. Libremente inspirada en un episodio que marca el fin de la carrera del filósofo Friedrich Nietzsche. El 3 de enero de 1889, en la plaza Alberto de Turín, Nietzsche se lanzó llorando al cuello de un caballo agotado y maltratado por su cochero y, después, se desmayó. Desde entonces, dejó de escribir y se hundió en la locura y el mutismo. En una atmósfera preapocalíptica, se nos muestra la vida del cochero, su hija y el viejo caballo.

Tłum. Ada Trzeciakowska

Czarni heroldowie

Bywają ciosy w życiu, tak potężne… Sam nie wiem!
Ciosy jakby z nienawiści Boga, jakby w ich obliczu,
przypływ gorzki wycierpianych chwil
ugrzązł nam w duszy… Sam nie wiem!

Jest ich niewiele, ale są… Rysują się ciemnymi bruzdami
na twarzy najdzikszej i najtwardszym karku.
Być może to źrebaki barbarzyńskich attylii:
lub czarni heroldowie, których wysyła nam Śmierć.

To głębokie upadki Chrystusów z duszy,
jakiejś godnej podziwu wiary, którą Los przeklina.
Te krwawe ciosy to trzaski
chleba co w drzwiczkach pieca się nam pali.

A człowiek… Biedny… biedny! Zwraca oczy, jak
przywołany szturchnięciem w plecy:
zwraca oczy oszalałe i wszystko co przeżył
tkwi, jak kałuża winy, w spojrzeniu.

Bywają ciosy w życiu, tak potężne… Sam nie wiem!

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